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sábado, 11 de mayo de 2013

Guión para el crotometraje de Nacho Rivera Granell "LA BODA"

Ni una nota, ni un mensaje en el teléfono. No podía ser que  hubiera desaparecido, así, por las buenas. No era su estilo, siempre fue educado, detallista hasta con la gente que apenas conocía. Ésta boda era su ilusión más que la mía. Yo me hubiera conformado con seguir con la relación de amistad y de cariño que desde siempre nos había unido. Pero cuando cambiaron los tiempos y en función de una seguridad emocional, se abrió la posibilidad de regular la situación de cara al futuro y fue él quien me propuso el cambio de estado civil.
Pero ahora, algo habría cambiado en su mente, para decidir no presentarse. Siempre fue frágil y voluble en sus decisiones y mi misión era mantenerlo en ese equilibrio inestable cuando le asaltaban las dudas. A cambio él alejaba mi soledad, ofreciéndome su cariño incondicional, hasta el punto de necesitarnos mutuamente como dos imanes de polos diferentes que se buscan para fundirse en una sola pieza.
Él reconocía nuestra relación en los libros que leía. Continuaba  viviendo en un mundo de ensueño y decía que yo era quien le guiaba por los senderos de la razón. Decía que él era Don Quijote y yo Sancho, y que no se hubiera escrito el libro si faltase uno de los dos.

El destino nos había unido desde muy pequeños, cuando sus padres alquilaron el piso de enfrente de la casa donde yo vivía con mi familia. Cuando le dejaban días enteros en mi casa porque sus padres tenían que viajar por razones de negocios y compartíamos la habitación y la cama. Él me contaba sus sueños como si los hubiera vivido, y yo sabía que eran inventados pero me gustaba su forma de contar las historias y nunca puse en duda sus excéntricas afirmaciones.
Crecíamos a la vez, su padre nos medía de pie, contra un listón reglado que tenían en el pasillo de su piso, aunque yo hacía trampas elevándome sobre las punteras de mis zapatos.
Fuimos al mismo colegio durante años, y se alternaban nuestros padres para recogernos a la salida y llevarnos de vuelta a su casa o a la mía.
Llegó un día en que se bifurcaron nuestros caminos como Siddhartha se separó de Govinda al encontrar a Buda. Quiso experimentar buscando el sentido escondido de la vida, porque se hacía muchas preguntas, y pensaba que las chicas le darían la respuesta. Pero pronto se dio cuenta de que la amistad y la confianza, que había crecido día a día entre nosotros, no podía ser suplantada por libinidosos escarceos.
Nunca olvidaré el día en que volvió a mi, con lágrimas en los ojos, suplicando que le perdonara por algo que yo no comprendí, pero que le hacía sentirse culpable de su abandono.  Había conocido el sexo sin amor y le había vaciado las entrañas en la adolescencia. No era suficiente, para colmar su búsqueda de experiencias y todo le dejaba insatisfecho. Por eso había vuelto, al calor de la confianza, a la paz que decía, que yo le infundía en el alma.
- Eso tiene un nombre.- eso es amor.- Le dije desde el fondo de mi corazón y se abrazó a mi y yo le abracé sintiendo un estremecimiento que brotaba desde lo más profundo de su cuerpo hasta despertar en mi el antiguo deseo de besarle.
Él me enseño lo que las chicas le enseñaron, porque para mi fue el primer beso de amor y él fue mi maestro. Aprendí de sus fantasías, de los movimientos de la lengua y de los puntos del cuerpo que hasta entonces no había sentido. Como si me hubiese presentado a un ser desconocido que habitaba en mis adentros y yo nunca hubiera conocido sin su ayuda.
Aquel día inolvidable, sentados en la arena de la caleta y con la música de fondo de las olas que rompían suaves en la playa, nos juramos que nunca más volveríamos a separarnos. Que nada conseguiría apartarnos al uno del otro y seguiríamos unidos más allá de la muerte.
Pero cuando me miró directamente vi una sombra de duda en sus ojos iluminados por la luna.
 Quizás algo de esa duda se había ido posando en su interior y permanecía ahora en su corazón y en  sus incansables pensamientos que daban tantas vueltas a las cosas más sencillas, siempre analizándolo todo a su manera, buscando razones sin encontrar respuestas.
Quizás por eso no se presentó en el juzgado de paz donde debía celebrarse la boda y había desconectado el teléfono haciéndose ilocalizable.
No quiero aventurar ninguna hipótesis que justifique el disgusto y la vergüenza de todo lo que hoy ha ocurrido, pero es inevitable pensar en que algo malo le habría sucedido, mientras dejé el chorro tibio llenando la bañera y me desnudé.
Apenas se sumergíó la mitad de mi cuerpo en el agua humeante, sonó el teléfono y salté fuera de la bañera empapándolo todo. Reconocí a su madre a través de la voz temblorosa del auricular, subí el volumen para escucharla desde el baño y a cada una de sus palabras se iba llenando de lágrimas la bañera.- "La policía ha venido a casa, nos han informado del accidente y ahora debemos acudir a identificar a nuestro hijo al depósito de cadáveres".- dijo la voz tambaleante del teléfono.
No tengo fuerzas para seguir escribiendo ésta confesión, el agua se ha ido tiñendo de rojo y me invade una paz absoluta, no siento dolor alguno aunque las venas de mis tobillos están abiertas, solo puedo decir:
Espérame, me voy contigo.






domingo, 30 de septiembre de 2012

El payaso que hizo reír a la luna

Era casi de noche y estaba solo en casa. Había pasado un buen rato instalando la nueva tapa del váter que había comprado en un bazar de bricolage. Le pareció que todo encajaba en su sitio y recogió las herramientas y la tapa vieja que acababa de sustituir.
No pudo evitar acordarse de un artista callejero, que repetía un número introduciendo su cuerpo en una raqueta sin cuerdas y saliendo airoso de lo que parecía imposible.
Calculó a ojo las medidas del agujero de la tapa y se la pasó primero por la cabeza  y con un esfuerzo repentino consiguió pasar el brazo izquierdo también, quedando encajada a modo de bandolera entre el cuello y la axila... demasiado angosto el agujero como para pasar también el hombro derecho...por lo que decidió sacarse la tapa siguiendo los pasos inversos, pero tal operación empezó a ser tan dolorosa como irreversible, el cuello, enrojecido por la presión cortante de la tapa, parecía más una berenjena y por muchas contorsiones del cuerpo, presionando y tirando de la tapa, aquello no se movía ni para adelante ni para atrás. Pensó que necesitaría ayuda para salir de tan aparatosa situación. Entonces se acordó de que tenía que ir a recoger a la niña al instituto, porque había ido, después de las clases, como animadora del equipo de fútbol del curso y no podía dejarla volver sola y de noche hasta la casa, además ella podría ayudarle. Ni siquiera tendría que salir del coche.
Pero conducir de esa guisa era patético, ya tuvo algunos inconvenientes menores para entrar en el coche con el brazo levantado y ese arnés cruzándole el cuerpo.
Antes de llegar, le pareció ver sonreír a la luna, y le devolvió la sonrisa más por vergüenza que por cortesía.
No tuvo que esperar...se escuchaba el algarabío de estudiantes, futbolistas y animadoras en el aparcamiento. Ella enseguida reconoció el coche y se acercó, traía la sonrisa de los vencedores...más en el amor que en el fútbol... ella, que siempre reía como el agua, cuando le vio atascado en la tapa del váter, como en una trampa de conejos; rió a borbotones, en cascada saltaban los lagrimones ...le pidió  ayuda, pero ella quería salir de allí y que nadie la viera con él, en esa absurda situación.
Ya de regreso a casa, se volvieron a cruzar con la luna y ella dijo en un intervalo entre dos hipos:
-Parece que la luna se ha reído.

domingo, 29 de abril de 2012

Dependencia

Foto: Pedro Izquierdo (Guadaloupe 7/5/2012)




Ya era más de media noche. El reloj digital del teléfono cambió su numeración más alta 23:59 por la más baja 00:00, en un instante que pareció morirse el tiempo, como si el corazón de todos los relojes se hubiese detenido en el mismo momento de pasar de un día al siguiente.
La una de la mañana, aún no había sonado el teléfono y empezaba a preocuparse. Algo grave debió suceder para tanto silencio - se decía- No podía ser algo sencillo, como que ella  hubiera perdido el teléfono o el número, o alguno de los pretextos que se suelen usar cuando no se llama, como "me quedé sin batería". Se arriesgó él a llamar a esa hora de la madrugada sabiendo que alguien más que ella podría oír la alarma, pero no hubo respuesta. Contuvo el impulso de salir a buscarla y decidió esperar un poco más. Se acercó a la ventana cuando empezaba a llover, primero con una lluvia fina que hacía más reluciente la noche y al poco tiempo el estruendo de la tormenta arreciaba contra los cristales.
Quizás estuviera aún en  casa de su madre y se quedó dormida esperando una oportunidad para salir cuando todo estuviera en silencio. Sabía que desde allí no podía hablar con libertad y que la opción de "mensajes de texto" había sido inhabilitada por la arpía de su madre.
Él, que fue siempre independiente, odiaba ahora depender de algo tan simple como el teléfono. Del teléfono dependían sus decisiones, su presente y su futuro inmediato, solo de una llamada.
Ella no dependía de su madre, aunque ésta hiciese todo por retenerla a su lado, solo dependía de sus instintos a los que tenía que sucumbir inevitablemente.
Un inmenso fogonazo, como el flash de una foto tomada desde el universo, hizo de la noche día durante una décima de segundo y acto seguido tembló el cielo cargado de electricidad como si se rasgara de arriba abajo. Las luces de la ciudad parpadearon unos instantes antes de sumirse en profunda oscuridad. La lluvia ametrallaba el asfalto cuando corrió a buscar su coche sin encontrarlo.
Calado hasta los huesos decidió llamar a un taxi bajo una oscura cornisa. Los faros de los coches marcaban la carretera como espejismos de un desierto en tinieblas.
Desde la centralita le informaron que todos los operativos estaban ocupados en ese momento debido a la tormenta y que tardarían en recogerlo. Él colgó la llamada y lo intentó en una y otra compañía con similares resultados pero aceptó la demora. Tras una interminable espera contemplando el río en que se había convertido la carretera porque los sumideros se habían desbordado, apareció por fin el taxi abriendo una ola de agua sucia, entró en la parte de atrás chorreando y en medio del gran atasco ocasionado por la lluvia, se iluminó el teléfono.
Era un mensaje de voz. "No me explico que te ha pasado. Te he llamado desde el taxi pero tu linea estaba ocupada. Tampoco estás en tu casa. Vuelvo a casa de mi madre. No me llames ...ya sabes...un beso".

jueves, 26 de abril de 2012

Azul sin alma





Se supone que todos tienen un alma.
Como si fuera necesario poseer un refugio donde almacenar los sentimientos, una caja negra, evanescente e independiente al cuerpo que perdure eternamente, con todas las pasiones dentro.
Él no lo necesitaba. Al menos no en esos términos, porque sus sentimientos, a menudo confundidos con sus instintos, entraban y salían de él libremente sin permanecer encerrados demasiado tiempo.
Podría decir que no tenía alma, pero no quería enredarse con nadie en una larga discusión metafísica que de seguro, no conduciría a aclarar nada.
Sus necesidades, podría decirse que eran más primarias, sin por eso ser exclusivamente materiales.
Necesitaba amar, más que ser amado. Pero después de tanto tiempo de ausencia y abstinencia parecía haber perdido el derecho al amor.
A medida que pasan los años se va perdiendo el acceso a la belleza joven y debía asumirlo con resignación aunque todo el amor, que se había ido acumulando con el tiempo, no tuviera aún un destinatario.
En el fondo de su corazón albergaba cierta esperanza que le hacía mantener el atractivo, porque, pensaba ante el espejo mientras se afeitaba, un hombre que se abandona a si mismo está ya al borde de  la desolación y ese tiempo aún no había llegado.
Cansado pero no abatido se sentó en un banco del parque.
Delante de él desfilaron paseantes anodinos como sombras, parejas maduras silenciadas por la costumbre, jubilados que recorrían el paseo con desgana, algún joven con prisas que los sorteaba como un corredor de obstáculos y en el contraluz de la hora azul, vio aproximarse la perfecta silueta de una mujer encadenada a dos gemelos "cocker spaniel". Tuvo que usar la mano de visera para cerciorarse de que no era una aparición de la diosa Cibeles en su carruaje tirado por dos leones.
Al llegar a su altura se le acercaron los perros amablemente y algo debió decir a la infinita sonrisa de su dueña que le permitió acompañarla paseo abajo hasta desaparecer juntos en el lomo del puente.


jueves, 19 de abril de 2012

ISOLATION (aislamiento)





Aros: Spaghetti, Música: Philip Glass

Estuvo practicando toda la mañana frente al espejo. No se miraba a si mismo, sino el efecto de los aros rodando entre sus dedos, formando figuras psicodélicas y mareantes.
Resistió la tentación de mostrar a alguien los primeros logros de equilibrio inestable y decidió esperar a tener una combinación algo más perfeccionada, y sobre todo, al menos a un espectador interesado cuya opinión pudiese ayudarle.
Algunos llaman a este tipo de ejercicios "Isolation" (aislamiento)

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El personaje




Soy una persona como tú y como las demás.
Quizás sé algunas cosas que tu no sabes y tú y otros ya sabéis lo que a mi me gustaría aprender. Este conocimiento individual es lo que nos hace diferentes y la ignorancia es lo que nos une y el compartir lo que unos y otros saben es lo que nos relaciona y nos enriquece.
Hoy he descubierto por mi mismo, mientras trabajaba en la creación de un nuevo personaje, la clave del éxito. Quiero compartirlo por si a alguien le sirve.
La clave del éxito, consiste en NO proponérselo. Empezar un nuevo proyecto con ilusión y con ganas, por mero entretenimiento, no como un hobby, sino como una pasión donde no se calculan las pérdidas ni se valora el tiempo invertido. Prácticamente al contrario de cómo nos han dicho que funcionan las cosas. Sin planes prefabricados de negocio, sin miras de rentabilidad a corto o largo plazo, sin objetivos económicos; solo por el placer de emplear tu ingenio en algo común que sea bueno para todos.
No hay riesgo, porque todo lo invertido está compensado con el disfrute en la realización del proyecto, en el caso de no obtener beneficios que por otra parte no rechazaremos si es que llegan.
Mi nuevo personaje es un músico sin cabeza, pero no puedo infundirle un alma propia ni quitarle la mía que lleva dentro. Su expresión se ve reducida al movimiento o incrementada - añado con malicia - en el gesto de sus manos. Puede enfadarse sin gritos, asombrarse sin ojos, ser afectivo sin labios y divertido sin risas. Me ha enseñado mucho sin cerebro.
Quizá el cerebro sea el lugar donde se aloja la más importante de las contaminaciones, la lógica que nos enseñan, el miedo al fracaso, el culto a una estética previamente confeccionada, el deseo de deslumbrantes recompensas; todo lo que nos impide elegir y ser libres. Pero mi personaje ha decidido prescindir de la cabeza.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Encuentro.




-Cuanto tiempo! ¿Que tal te va?
- Pues bien, bien, ¿que tal tu?
- No sé por donde empezar, después de tanto tiempo ...han pasado tantas cosas!, pero cuéntame, ¿sigues acudiendo a la biblioteca como antes?
-Nada es como antes, pero hoy precisamente de allí vengo. Al salir, he tenido una buena conversación con un amigo acerca de J. Gil de Biedma y del destino marcado en cada uno de sus poemas...
- Ah muy interesante, pero dime algo de ti, ¿a qué te dedicas ahora?
-Ahora me dedico al placer solitario.
-¿Quieres decir que te masturbas?
-No... hago versos.

jueves, 10 de noviembre de 2011

No, no he venido a buscarte




No, no he venido a buscarte
ha sido una casualidad,
no creas que porque nos conocimos,
nos amamos e incluso nos besamos,
tiene por qué volver a pasar.
La noche enredó nuestros cuerpos
y la música hizo el resto,
una balada de Jazz puso cadencia a tus dedos,
una trompeta lejana empujó más adentro los besos
y en el zaguán de la madrugada tus ojos dijeron adiós.
De eso hace ya mucho tiempo.

martes, 25 de octubre de 2011

El llanto del Clown



Lo más gracioso es que tengo que hacer reír!!
No intento disimular el disgusto, salgo a la pista con mi pena escrita en la mirada,
preocupado porque las cosas no queden suspendidas del vacío y siento las risa espontánea de los ciegos.
Sigo el desplazamiento gravitatorio de los objetos que van sustituyendo el aire con sus cuerpos y este empeño causa tiernas carcajadas en la audiencia.
Aún no caigo en la desesperación cuando los artefactos que manejo siguen su propio rumbo, cobrando vida propia, sino más bien me sorprenden sus destinos y mi sorpresa es la alegría de las gradas.
Me desplazo en movimientos pausados, sin ganas, pero obtengo el resultado inverso y directamente proporcional a mi tristeza.
Nunca una lágrima se recibió con tanta risa.
Me sentí como un cristiano entre los aplausos de un circo romano.
Una marioneta con los hilos cortados.
Todo un éxito.


Cuando cada movimiento pende de un hilo, cuando creas que el equilibrio es imposible, cuando no eres tu el que decide y pienses en abandonar la lucha, en rendirte, cuando sientas que la levedad del alma es lo que te sostiene, entonces ... entonces eres una marioneta.