El rapto de Europa. Fuente, Google Images.
La Europa actual como la mitológica ha sido raptada sin violencia, hechizada por los sortilegios de Zeus metamorfoseado en un toro blanco o fascinada por el embrujo del Euro y el poderío alemán; de una u otra forma el rapto fue aceptado en un principio sin resistencia.
La Europa mitológica fue coronada reina de Creta y obsequiada con preciosos regalos a cambio de sus favores al Olímpico. La nueva Europa también ha perdido su esencia virgen para convertirse en la meretriz de los mercados, ha dejado de ser la Europa de los pueblos y la sociedad participativa para transformarse en una relación entre clientes y mercaderes.
Como una profecía descrita por Ovidio, Europa ha sido seducida, corrompida y raptada por los intereses privados disfrazados del Toro blanco de la democracia.
El Parlamento Europeo se ha ido desnudando lentamente, dejando al aire sus vergüenzas, como las trémulas ropas de la mítica Europa arrancadas por la brisa del Ponto. Se ven los parlamentarios más radicales y antieuropeos en su seno. Hombres de negro controlando las finanzas de los pueblos. La que fue un ejemplo de tolerancia y respeto por los derechos individuales y colectivos se ha convertido en un gueto cercado por acuchilladas concertinas y protegido por países mercenarios que se encargan del control, a sueldo, de su perímetro.
La Europa mitológica fue raptada en su ingenuidad y confinada en una isla; la Nueva Europa se ha secuestrado a si misma encerrándose en su propio caparazón donde crecen los gérmenes putrefactos de la corrupción, aislándose cada vez más de la realidad que le rodea.
La ancestral profecía, se ha cumplido.



