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viernes, 6 de septiembre de 2013
PLACER Y PENITENCIA (Epílogo)
La siguiente noche de luna llena volvieron a celebrarse las cenas de los viernes en la mansión de los Fitgerald, a pesar de la infinita y dolorosa ausencia de Cinthia.
Fui invitado en compañía de George y Charles entre los demás comensales y pude ver a Samuel que había reiniciado sus labores en el establo.
A la hora del Champagne, Mr. Fitgerald propuso un brindis en memoria de su hija Cinthia y todos se sumaron poniéndose de pie y en silencio levantaron sus copas.
La noche estaba callada y la luna inmensa iluminaba la pradera y las caballerizas, cuando se escuchó, mitigado por la distancia, un relincho de placer que provenía de la antigua cuadra de Gift, ahora ocupada por una nueva y esplendorosa yegua rubia.
jueves, 5 de septiembre de 2013
PLACER Y PENITENCIA (VI)
Cabalgó Cinthia toda la noche a lomos de su corcel, hasta llegar al río cuando despuntaba el alba. Juntos la noche entera, sudor con sudor, piel con piel, palpitando entre sus piernas el corazón de Samuel.
El agua oscura del río se fue vistiendo de azul cuando iba amaneciendo y el sol bañaba su luz. En la orilla desmontó la divina amazona de su caballo y susurrándole al oído le dijo: "Samuel, bebamos de las aguas del olvido". Los dos se inclinaron sobre el río y bebieron profusamente del agua azul como el cielo que en ella se reflejaba. Así firmaron un pacto, ella olvidaría haber sido la que fue y él olvidará a Gift para volver a ser Samuel. Como prueba del acuerdo, desapareció la marca del hierro en el anca del lucero, pero no se desharía el hechizo hasta que volviese a llenarse la luna.
La noche de Sagitario era la noche siguiente, noche de luna llena, tras un eterno día de fiesta.
Para celebrarlo Cinthia llevó a Gift al campo de polo. Sería su última carrera sobre la grupa de un potro.
Ya os conté lo que vi a mi regreso, cuando conocí a Cinthia en el campo del Polo Club. Aquel día en que saltó la baranda de la terraza un caballo que se había vuelto loco, estando con Charles y George cuando se abalanzó hacia nosotros, en el momento en que la diva volvía del vestuario.
Charles habló de teatro en medio de la confusión, la orquesta se detuvo, una mujer resultó aplastada por la avalancha humana y el caballo saltó libre, sin riendas y sin marca.
Llevaron a la ninfa malherida al hospital más cercano, pero poco pudieron hacer, doctores y cirujanos, pues ya no era la que fue, cuando la luna brilló en lo alto. A lo lejos resonaban los cascos de un caballo.
En el funeral de Cinthia, algunos volvieron a ver a Samuel humano, escarbando la tierra con un pie.
Así se cumplió el pacto, que habían adquirido juntos, para la noche de luna llena. Ella no volvió a ser la que fue y el caballo volvió a ser Samuel, como habían acordado en el río del olvido.
Las aguas siguieron su cauce como ocurre en todos los ríos, pasando bajo los puentes sin retorno, como pasan los amores que no vuelven a vivir lo vivido.
FIN
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miércoles, 4 de septiembre de 2013
PLACER Y PENITENCIA (V)
Charles hablaba con Mr. Fitgerald sobre las excelencias de la garnacha y del Pinot Noir versus el Merlot en la sobremesa, tras la cena del viernes en casa de los Fitgerald. Charles era un ameno contertulio sobre la cultura y el placer, porque tenía el don de la oratoria y dominaba la retórica.
Cinthia y George salieron a ver las estrellas, pero la noche estaba cerrada y aunque el jardín se extendía en una amplia pradera, las estrellas solo se intuían tras una capota de nubes bajas.
Gift observaba inquieto desde la cuadra, recortarse las figuras en la luz del invernadero. Cuando las sombras se fundieron en un beso, los nervios de sus patas golpearon los maderos, pero el ruido se perdía en los ecos de la noche y la distancia.
Las siluetas desnudas se abrazaron en silencio contra la pared transparente del invernadero y Gift no pudo apartar sus ojos de las formas ondulantes de su divina amazona y la extrema belleza de su torso y su cabello como redes que al amor atrapan. Samuel, en la penumbra de un instante, vio su propia sombra de animal y temblando lloraba invisibles lágrimas humanas. En ese momento hubiera querido decir: "Basta ya, amor mío, ya has demostrado tener el poder de una diosa, deshaz ahora el hechizo. Ten piedad de mi cuerpo que nunca te ofendió, sino que fue el tuyo el que lo incitó como haría con cualquier otro hombre. ¿Por qué me castigas con tanta dureza?. Ni siquiera Tiresias que vio bañarse desnuda a Minerva, pagó con tan grande penitencia, porque aunque fuera privado de la vista, se le concedió el don de la profecía, convirtiéndolo en un vidente del futuro". Samuel quiso expresar todo esto a gritos, pero siendo acción impropia de un caballo, solo lanzó un doloroso relincho que, aunque no distrajo a los amantes, alertó a los catorce perros que ladraron desde sus jaulas.
El segundo desgarrado relincho lo acompañó con el tronar de sus cascos sobre la madera de la cuadra. Cien luces se prendieron entre la verde explanada, los mozos y los invitados acudieron al establo donde parecía enloquecido Gift, el hombre caballo y todos vieron desnuda a la joven Cinthia al cruzar el invernadero y a su amante apresurado por ocultar su cuerpo.
Nadie logró calmar a la bestia desatada dentro de Gift que se alzaba sobre sus patas traseras agitando la cabeza, llena la boca de espuma como un alma torturada en el averno.
Cuando apareció Cinthia se hizo un gran silencio, se calmaron los caballos y se callaron los perros; dirigiéndose a Samuel le puso las riendas y el freno, y saltando sobre su lomo, le acarició las crines del cuello. Ante el asombro de todos, saltaron a la pradera que se perdía en la noche negra; George miraba muy serio desde la puerta del invernadero, contemplando a quien montara, montando un caballo negro.
martes, 3 de septiembre de 2013
PLACER Y PENITENCIA (IV)
Sorprendido de su nueva agilidad, Samuel trotaba y saltaba guiado por la presión de las rodillas de Cinthia sobre su cuerpo. Ambos se fundieron en uno solo, mitad humano y mitad caballo, como una extraña centáuride de Magnesia.
Al regreso del paseo, Cinthia no encontró a Samuel en el establo y decidió cepillar y ocuparse de Gift ella misma; reparó en la marca perfecta, con sus iniciales en el anca del corcel grabadas sobre la piel del hombre que la amó hasta el punto de metamorfosearse en animal, para estar más cerca de ella. Cinthia acarició la grupa y Gift se estremeció ante el contacto y ella lo notó, como si hubiera acariciado su esencia humana.
Desde ese día, salía a pasear todas las mañanas, la amazona y su caballo favorito Gift.
Todos en la gran casa echaban de menos a Samuel, a quien nadie había vuelto a ver desde el cumpleaños de Cinthia, pero pensaron que había escapado. El padre de Cinthia preguntó - ¿Quién es Samuel?.- porque apenas tenía relación con el personal de servicio y no se interesaba por las cuadras; pero aparte de informarle del trabajo que realizaba en el establo, ninguno de la casa pudo aportar alguna información personal sobre el carácter introvertido de Samuel.
Aquella mañana el sol se disipaba entre los bajos estratos, como la luz de una vela a través de una gasa. Cinthia entrenaba a Gift para el partido de polo femenino contra la selección argentina, forzando la carrera al máximo y sujetando la frenada, consciente del sufrimiento que suponía tal esfuerzo para el animal, pero contenta con su brío y sorprendida por su capacidad de reacción, como si el caballo conociese el juego de antemano, y adivinase sus intenciones.
De regreso a las caballerizas, Cinthia entregó a Gift al hombre que sustituyó a Samuel en el establo, con el mismo desdén de siempre y el caballo cabeceó rebelde al cambiar de manos.
Al atardecer, Samuel reconoció desde la cuadra, el ruido del motor del viejo Packard de George y la voz de Charles que, como cada viernes, llegaban a cenar con la familia de Cinthia Fitgerald. Se maravilló de la agudeza de su oído en su nueva condición de caballo, pues pudo escuchar que estaban hablando acerca del partido de polo del día siguiente y la risa de Cinthia al regalarles las invitaciones. A Samuel le invadió la tristeza y se sintió prisionero en el cuerpo de una bestia. El placer que le proporcionaba el contacto con la bella amada, no se correspondía con tan tremenda penitencia. Había sacrificado su libertad, porque el amor lo había cegado y no veía un futuro apartado de Cinthia, a la que se había entregado en cuerpo y alma.
sábado, 31 de agosto de 2013
PLACER Y PENITENCIA (III)
Foto :http://www.barewalls.com/i/c/473185_Black-Horse-Running.jpg
El caballo desbocado hoy campa a sus anchas, sin riendas, cabezada, estribos ni espuelas. Trota libre entre las acacias y los robles y sestea en la pradera. Para llegar a ser de nadie tuvo antes que ser de todos; del amo a quien nunca vio, del jinete y la amazona, del mozo de cuadra que lo alimenta, del escudero que lo engalana y del capataz que lo doma. Era una vida fácil tras la media puerta de la cuadra, por la que sacaba la cabeza como si fuera una ventana. No le faltaba el forraje o los piensos compuestos y alguna vez lo premiaban con azúcar y caricias por obedecer siendo bueno. Le habían puesto el nombre de Gift, y una marca en el anca con un hierro enfriado en nitrógeno líquido, con las iniciales CF superpuestas bajo una corona.
Lo hubiera soportado todo por permanecer junto a Cinthia, menos los celos por las otras bestias a las que la hermosa Cinthia mimaba. Todo volvía a ser como al principio, cuando fue un hombre, que como el cazador Acteón, se transformó en un animal salvaje al contemplar la belleza de Diana desnuda en el estanque.
Habían crecido juntos, Samuel entre la paja de la cuadra y Cinthia entre blandos almohadones. Él cepillaba a los potros, mantenía limpio el establo y enjaezaba los caballos; ella se iba de caza al galope tras los zorros. Al regresar desmontaba de su corcel sudoroso y lo entregaba a Samuel como quien lo ata a un tronco. Nunca se fijó en él, que cuidaba a los lebreles y reunía a la yeguada.
Tanto era el deseo de Samuel de servirle a Cinthia de montura, que ansiaba ser el más hermoso rocín de todas sus cabalgaduras.
Al cumplir la mayoría de edad, Cinthia recibió como presente un brioso corcel negro brillante como el azabache, y ordenó a Samuel que lo marcara con sus iniciales. Samuel levantó la cabeza, y por primera vez chocaron sus ojos negros con el celeste de los de ella. Cinthia enrojece como ofendida por la mirada arrogante y altiva de su mozo de cuadra y le indica con la fusta que se apresure en sus obligaciones para que pueda montar a su Gift esa misma tarde.
Como si un sortilegio obrara en Samuel al caer sobre el frío hierro nitrogenado, se levantó torpemente al tiempo que sus manos y pies se fueron transformando en patas y su pelo ondulado creció en brillantes crines cuando sus orejas se hicieron más largas y sus ojos se dilataron al ver la marca en su grupa con las iniciales de su amada. Saltó del establo aterrado por el cambio en una bestia y no fue consciente de ello hasta mirarse en el espejo del agua del abrevadero. Comprendió su tremenda desgracia con la razón y el alma humana que le quedaba. La voz de Samuel se hizo un relincho cuando se encabritó de patas llamando a la joven Cinthia que corrió hacia él desesperada.
-¿Dónde se ha metido Samuel?-se preguntaba cuando consiguió apaciguar al caballo con caricias en el cuello, en el pecho y en las patas; pero se reconfortó al ver en el anca su marca. Con sus propias manos le colocó el ronzal de la cabezada, y con sus largos dedos le abrió dulcemente la boca para ponerle la frenada. Repitió tres veces furiosa el nombre de Samuel, llamándolo a gritos y el caballo rozó el hombro de Cinthia con gran delicadeza. Ella se volvió y contempló la hermosa estampa del equino, se encaramó sobre el murete de la cuadra y saltó sobre Gift montando a horcajadas sin silla ni aparejos. Samuel sintió la presión de sus piernas rodeando su gran cuerpo y procuró que en el trote no se separase demasiado el contacto con su amada...
viernes, 30 de agosto de 2013
El placer y la penitencia (II)
Llegó el día y tuve que volar sobre las aguas del mar, dejando atrás hermosas historias recientes, precisas imágenes, recuerdos vivientes que se entremezclan mientras el avión sube. Miro por los ojos del ángel sentado en la blanca nube que rápidamente se aleja de la montaña algodonosa de la que formaba parte, tan solo hace un momento, y siento como se desgarra el sentimiento, cuando ya no hay vuelta atrás, cuando no se tiene lo que no se pierde.
Allá, rumbo a lo desconocido, volveré a empezar con el buen ánimo de siempre. Esperando que lo que me espera sea una penitencia llevadera que no me haga olvidar lo inolvidable.
La sangre se seca cuando cicatriza la herida, pero las llagas aún rezuman borbotones de antigua felicidad, de dichosas situaciones, del esplendor de la risa, de las noches desnudas de apariencia, de la cálida brisa que envuelve las pasiones.
No deshago el equipaje, pensando en partir de nuevo, porque volver, nunca se vuelve.
Avanzo hacia el futuro azul, cada vez más escaso; esta vez hacia occidente, donde el sol se pierde en el ocaso.
El sueño dará el siguiente paso, al despertar en otro continente, despertar de nuevo en otro sueño, como eternas sucesiones de momentos entre la distancia y el tiempo.
jueves, 15 de agosto de 2013
El placer y la penitencia (I)
Tenía amigos ricos.
Charles bebía Pinot Noir en copas de cristal labrado.
George me invitó al exclusivo Polo Club para asistir al partido femenino en el que participaba Cinthia.
Desde la terraza del restaurante se veía a Cinthia elevarse sobre los estribos, girando levemente la cadera, para golpear la bola por el lado del lazo.
George no compartía la afición de Cinthia por los caballos, aunque podía distinguir a simple vista, la raza de un campeón. Le apasionaba, sin embargo, el mundo del arte. Coleccionaba pinturas de artistas desconocidos, a los que subvencionaba como un filántropo y no se perdía el estreno de las obras de teatro en el Palacio de la Opera.
Charles hablaba con George sobre las nuevas tendencias de representación y creación de nuevos espectáculos y aportaba ideas de danza aérea o teatro suspendido, donde los actores colgaran de cables, a modo de estructuras móviles entre cortinas de cristal.
Charles sabía que sus opiniones subyugaban a George. Esa pasión por el arte, era el mayor atractivo en ese frívolo escenario de poses y sonrisas forzadas al sol.
Mientras, continuaba el último chukka del partido amistoso y Cinthia ya había cambiado cuatro veces de caballo. En el quiosco de la música sonaba la "sinfonía de los juguetes" por una pequeña orquesta de cámara a la que se habían incorporado dos músicos que hacían sonar silbatos y carracas entre los violines, según la partitura de Leopold Mozart.
Cinthia descabalgó de su pura sangre argentino y se dirigía con paso resuelto, con el casco azul bajo el brazo, hacia la terraza del restaurante. Con un movimiento de cabeza se desplegó la rubia cascada de sus cabellos sobre los hombros. Era realmente hermosa, el ceño fruncido le impregnaba en el sudoroso rostro, un fuerte carácter que le hacía aún más atractiva. Golpeó la mesa con la fusta con un gesto de enfado que no se sabía si era por el resultado adverso del partido o como protesta por la falta de atención de sus amigos a su actuación en el campo de juego.
-Ah Cinthia - dijo George- ¡que gran amazona!, te presento a Marcel, a Charles ya le conoces.
Y me tendió la mano esforzando una mueca por sonrisa. Se disculpó para ir al vestuario y se alejó sin volverse.
De pronto, se extendió un murmullo a lo largo de las gradas y de toda la terraza, que provenía de las cuadras, donde uno de los caballos parecía rehusar a entrar en el remolque de transporte y cabeceando logró soltarse de las bridas, entrando libre en el campo de juego.
Saltaron dos mozos subalternos para tratar inútilmente de alcanzarlo. Era un hermoso ejemplar de bella estampa que parecía querer jugar, deteniéndose como esperando que los hombres se acercaran, para dar un quiebro brusco y hacerlos correr tras él.
La gente que había empezado a despejar las gradas, regresaba a sus escaños empezando a divertirse y las sonrisas florecían en las mesas de la terraza.
Uno de los mozos resbaló en su carrera cayendo tendido sobre la yerba y el caballo, sorteando al otro hombre, saltó sobre el cuerpo tumbado del mozo como si de un obstáculo de hípica se tratase y algo como una ovación se agitó entre las gradas. Avanzó al trote hacia las primeras filas e inclinó la cabeza a modo de saludo y acto seguido se giró frente al mozo que lo perseguía dejando a éste paralizado por unos segundos.
Hombre y caballo se miraban desafiantes, girando de medio lado sin dejar de observarse mutuamente y manteniendo la distancia.
Pronto salieron al campo dos laceros a caballo y el joven bruto emprendió una carrera al galope alrededor del campo de polo seguido de los jinetes del lazo, pero antes de ser alcanzado saltó la baranda de la terraza abalanzándose sobre las mesas y causando el terror entre los que las ocupaban. saltaron los vasos y las tazas por los aires y las mesas se desplomaron justo a nuestro lado; hubo una avalancha humana y una mujer fue aplastada. Entre los gritos y el estruendo escuché decir a Charles con voz calmada: "Así es el teatro, belleza, comedia y tragedia mezcladas en el mismo acto"...
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